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Publicado el noviembre 1st, 2016 | por macero

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Atlanta: Una ciudad verdaderamente sureña

Desde las extensas zonas ajardinadas del Parque Olímpico del Centenario a la conocida Peachtree Street y los árboles que la engalanan, Atlanta sigue siendo tan grandiosa como la película Lo que el viento se llevó.

A diferencia de los tejanos y los lugareños de otras partes del sur de Estados Unidos, los residentes de Atlanta no suelen presumir de su tamaño, pero quienes la conocen saben del intenso calor de sus veranos, el gigantesco aeropuerto, su compleja y variada historia y la cordialidad de sus habitantes que siempre desean lo mejor para sus visitantes.

Como nativo de esta urbe a quien mi familia aún no le ha perdonado el pecado de haber alentado a esos sempiternos rivales que son los Yankees, sigo creyéndome con el derecho de elogiar desmesuradamente la ciudad que he dejado atrás y, también, compartir algunos de sus secretos y características espectaculares. Afortunadamente, casi todas las principales atracciones de Atlanta se concentran en un sector relativamente reducido del ahora pujante centro de la ciudad, a corta distancia a pie del Georgia World Congress Center, sede de la Convención de Rotary International que tendrá lugar del 10 al 14 de junio de 2017.

No hace tanto tiempo, me atreví a mencionarle a mi madre que me gustaba más la Pepsi que la Coca-Cola y poco menos que me acusó de blasfemia. En esta localidad, la Coca-Cola es uno de los más destacados íconos, en franca competencia con mi querido personaje de película Rhett Butler, y para muestra basta con una visita al museo World of Coca-Cola, el Mundo de Coca-Cola, con una superficie de más de 8.500 metros cuadrados y construido a un costo de US$ 97 millones. En dicho museo, en el vestíbulo, aguarda a los visitantes la emblemática e inconfundible botella de Coca-Cola suspendida en un pilar de cristal y un buen número de esculturas de botellas de la bebida, creadas para los Juegos Olímpicos de 1996, y obras de artistas del mundo entero. Al adentrarnos en el museo, nos encontramos con la “Caja fuerte de la fórmula secreta”, donde también pueden apreciarse algunos detalles del proceso de embotellamiento y, por si fuera poco, dan muestras gratis.

En otro terreno, muy distinto y a la vez muy interesante, a poca distancia se ubica el Centro para los Derechos Civiles y Humanos (Center for Civil and Human Rights), al norte del Parque Olímpico del Centenario, no muy lejos del lugar de nacimiento del Reverendo Martin Luther King Jr., en Auburn Avenue. El Centro abrió sus puertas al público en 2014 y suscitó gran entusiasmo. Entre sus tres pisos llenos de artefactos, se destaca una exposición interactiva donde los visitantes pueden enterarse, con ayuda de audífonos, de las hostilidades que sufrían los manifestantes del movimiento pro derechos civiles hace varias décadas.

Al otro lado del parque, se encuentra la sede de la cadena de noticias televisivas CNN. Los visitantes pueden participar en un tour de los estudios, incluida la oportunidad de sentarse ante el escritorio del presentador de noticias y visitar la sala de redacción de esta enorme cadena de TV por cable. Con suerte quizá vean, también, a Wolf Blitzer en acción, inconfundible con sus lentes y barba.

En cuanto a restaurantes, aunque ni siquiera los nativos más leales se atreverían a poner a Atlanta a la misma altura de San Francisco o Nueva York, según la revista Atlanta, nunca faltan novedades en la escena gastronómica en esta ciudad, incluidos restaurantes como Gunshow, conocido no por sus atléticos chefs sino por su “novedosos platos, como el exquisito steak tartare, los dumplings chinos e incluso el clásico y espectacular solomillo Wellington”.

A unos pocos kilómetros del centro, en Decatur, un barrio de moda, No. 246 se caracteriza por sus especialidades de la nueva cocina italiana a cargo del chef Ford Fry. Para los aficionados a la carne de alta calidad, en Kevin Rathbun Steak sirven unas costillas de res que suelen envidiar los propios tejanos. ¿Y quién sería capaz de resistir la tentación de probar la trucha de Carolina del Norte con mayonesa de tocino en Cakes & Ale? En el glamoroso barrio de Buckhead, el Atlanta Fish Market siempre dispone de pescado y mariscos transportados diariamente por avión, y el muy hip restaurante Aria obtuvo un lugar en la lista de los mejores restaurantes del país que publica la revista Esquire.

Para mí, sin embargo, a la hora de comer solo se me ocurre un destino y no es precisamente una de las maravillas ocultas. Para mí no hay otra alternativa que el Varsity, donde un enorme letrero con la “V” y un vasto estacionamiento de vehículos señalan la presencia del restaurante drive-in más grande del mundo, el mejor lugar para disfrutar de una hamburguesa con queso y chile, y un refresco de naranja.

Originalmente conocido como the Yellow Jacket (El Abejorro Amarillo) –por referencia a los equipos deportivos de Georgia Tech, donde el fundador Frank Gordy instaló el primer establecimiento en 1928–, adquirió el nombre Varsity tras verse obligado a mudarse más allá de la autopista colectora del centro de Atlanta (carretera interestatal 75/85) a su actual domicilio en el centro de la ciudad (también hay otras seis sucursales). El restaurante, una construcción art decó de color ocre y burdeos que parece haberse quedado congelada en el tiempo, abarca dos manzanas y tiene suficiente espacio para 800 comensales y plazas de estacionamiento para 600 automóviles. Para los residentes locales, Varsity es mucho más que un restaurant, y en eso estoy muy de acuerdo. Cuando era niño, mi abuelo solía llevarme después de los partidos de mi liga infantil de béisbol. Si conectaba un jonrón me invitaba a un batido de chocolate. Y en toda Atlanta, los padres que desean tranquilizar a sus hijos cuando están demasiado inquietos o se pelean, los amenazan con suspender la prometida visita al Varsity. Es un restaurante familiar, para la gente que en vez de cocina fusión prefiere platos sencillos condimentados con ketchup y con mostaza y donde en vez de las distantes recomendaciones de altivos camareros, los atareados cajeros nos reciben con su acostumbrado “¿Qué le damos?”, el eslogan extraoficial de la casa.

Después de comer, aprovecha a comprar un original recuerdo en un lugar donde la oferta va más allá de los souvenirs masificados que venden en los centros comerciales. A solo 15 minutos en automóvil desde el centro de convenciones, tenemos el Ponce City Market. Saborea un gelato de madreselva mientras recorres tiendas como Ponce Denim Co. o la lujosa tienda de ropa masculina Q Clothier. Disfruta de un latte en el Dancing Goats Coffee Bar, el primer establecimiento abierto en el restaurado edificio de Sears Roebuck, y, como broche de oro, visita Boogaloos Boutique o Citizen Supply, para admirar las obras de artesanos locales y quizá llevarte un lindo recuerdo.

Si no estás con ganas de ir de compras, regresa al Parque Olímpico del Centenario y visita la Fuente de los Anillos, la fuente interactiva más grande del mundo. A los niños les encanta y cuando hace mucho calor, hasta los adultos se animan a refrescarse un poco. De todos modos, para disfrutar de las atracciones acuáticas no es necesario mojarse; basta con visitar el Georgia Aquarium, situado a poca distancia. Aunque gran parte de las grandes ciudades tienen su propio acuario, esta maravilla de 38 millones de litros fue el más grande del mundo hasta que lo superó el Marine Life Park de Singapur en 2012. En dicho acuario hay siete exposiciones principales, incluida la nueva galería Dolphin Tales. La exhibición abarca un estadio cubierto donde se ofrece un espectáculo en el que varios delfines deleitan al público con sus proezas durante media hora. Vale la pena verlo. Sin embargo, mi exposición favorita es Ocean Voyager, un hábitat de 24 millones de litros de agua salada, uno de los más grandes de su tipo y el único de Norteamérica que alberga a tiburones ballena.

Cómodamente sentados, los visitantes admiran a través de las paredes y techo de cristal las mantarrayas, incluida Nandi, rescatada mediante las redes anti-tiburones en la costa de Sudáfrica, y cardúmenes de especies como el jurel dorado, el pez perro español y el pargo surcando las aguas azules. Cuando creas que ya lo has visto todo, te sorprenderá la imponente figura de un tiburón ballena con un claro parecido a la mítica Moby Dick, cuyo extraordinario tamaño y palidez fantasmal impresiona a los turistas, al deslizarse con lenta majestad, escoltado por varios peces piloto.

Una vez que abandonamos el apacible y silencioso acuario, nos queda cerca visitar el bullicioso College Football Hall of Fame, museo donde se rinde homenaje a las estrellas del fútbol americano universitario. Desde que entras a “the Quad” y te encuentras con un impresionante muro compuesto de los cascos de más de 700 universidades, oirás una andanada de narraciones de jugadas famosas y el golpe sordo de los goles de campo. Asimismo, anímate a poner a prueba tus aptitudes para este deporte en la Chick-fil-A Peach Bowl Skill Zone (zona de pruebas). También tendrás la oportunidad de narrar jugada a jugada algunos eventos inolvidables como el extraordinario pase de Doug Flutie, que en 1984 dio la Victoria al Boston College contra el ampliamente favorito equipo de los Hurricanes de la University of Miami.

Ahora que ya has recorrido bastante el centro, te recomendamos que alquiles un automóvil y hagas un viaje corto a uno de mis lugares predilectos de Georgia: Stone Mountain.

Este parque está situado sobre un impresionante cerro de más de 500 metros de altura, gris y con escasa vegetación. Mucha gente cree que se trata de la pieza de granito expuesto más grande del mundo, pero el granito es solo uno de los tantos materiales que la componen.

La escultura bandera de esta montaña es el bajorrelieve más grande del mundo con las efigies de los generales confederados Robert E. Lee, Stonewall Jackson y Jefferson Davis. (El parecido con las esculturas del Mount Rushmore no debe sorprender a nadie. También es obra del mismo escultor.)

No obstante, como lo descubrí a corta edad, lo más entretenido es escalar el cerro desde su ladera occidental y sorprenderse ante el imponente paisaje lunar. Sin embargo, en mi última visita, opté por la comodidad de ascender en el teleférico y disfruté de un panorama no menos espectacular.

Celebra el Centenario de La Fundación Rotaria en Atlanta

Hace casi 100 años, en la Convención de Rotary de 1917 que tuvo lugar en Atlanta, Arch C. Klumph propuso que se estableciera un fondo de dotación “para hacer el bien en el mundo”. Desde la primera contribución de US$ 26,50, la Fundación ha crecido significativamente, habiendo destinado más de US$ 3.000 millones a programas y proyectos. Ven a celebrar en la ciudad donde comenzó todo. Para más información ingresa en http://www.rotary.org/es/foundation100.

Inscríbete hoy y ahorra hasta US$ 150

Hasta el 15 de diciembre, la cuota de preinscripción para la Convención de 2017 es de US$ 340 para rotarios y US$ 70 para rotaractianos. Inscríbete ya en www.riconvention.org.

A pesar de su corta vida (menos de 200 años), Atlanta tiene su historia, y eso fue lo que me motivó a visitar una de las principales atracciones de la ciudad: el Atlanta History Center. En este centro de más de 13,3 hectáreas, se encuentran varias construcciones históricas, incluidas Swan House, Tullie Smith Farm y Wood Family Cabin. La sección más importante es la exposición sobre la Guerra Civil, con objetos como sables, fusiles, casacas azules y grises y las conmovedoras cartas personales escritas con plumas de ave en un destartalado escritorio, el armazón de un par de anteojos de metal, una cantimplora abollada y con rajaduras y, por supuesto, reliquias de la Marcha hacia el Mar liderada por el general unionista William Sherman, cuya etapa más dramática fue la quema y destrucción de Atlanta.

Al otro lado del vestíbulo, encontrarás la exhibición Atlanta in 50 Objects (Atlanta en 50 objetos), que abarca el manuscrito de puño y letra del discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz por parte de Martin Luther King Jr, el molde de una botella de Coca-Cola de 1915, el bate de béisbol con el que el legendario Hank Aaron conectó su jonrón número 600, y el póster de la película Lo que el viento se llevó (del libro de Margaret Mitchell, cuya casa, administrada por el centro, aún sigue ubicada en la intersección de las calles 10 y Peachtree).

Entre los 50 objetos hay uno que verdaderamente captura la esencia de Atlanta: Rich’s Pink Pig, que en su momento fue una de las atracciones favoritas para la Navidad en la ya desaparecida tienda Rich. El Pink Pig era un trencito infantil con el rostro de un cerdito sonriente. Mi hermana y yo montábamos en ese monorraíl todos los años y sigue siendo para mí uno de los recuerdos entrañables de esta ciudad, un lugar donde a menos que uno indique lo contrario, sirven el té frío con muchísimo azúcar, tienen los mejores duraznos, y en Mary Mac’s sirven el mejor pollo frito al estilo sureño. Los integrantes del personal se dirigen a los visitantes con toda amabilidad y vocalizan cada palabra con su característico acento. Los residentes de Atlanta son amables, siempre sonríen y siempre están dispuestos a ayudarte si te pierdes. Y según con quién te encuentres, es posible que hasta te inviten a comer el domingo.



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