Mayo - Junio 2018 Amengual

Publicado el julio 9th, 2018 | por macero

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LAS PREGUNTAS SON LAS QUE CREAN

A lo largo de nuestras vidas, comenzando por los jardines infantiles, luego en la escuela y finalmente en las instituciones de estudios superiores, somos recompensados por entregar respuestas correctas. Esto hace que a menudo subestimemos, subutilicemos e incluso ignoremos la búsqueda de buenas preguntas.

En las instituciones y organizaciones, los sistemas de recompensa refuerzan aún más este escenario, pues los líderes creen que su trabajo consiste únicamente en solucionar problemas en lugar de fomentar la curiosidad y el pensamiento innovador. Así, el hacer buenas preguntas es un ejercicio complejo, pues va en contra de las creencias en las hemos sido educados y sobre las cuales construimos nuestras vidas.

Albert Einstein expresó: “Si tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de ello, dedicaría los primeros 55 minutos a buscar la pregunta adecuada, porque una vez que la tenga podría resolver el problema en menos de cinco minutos”

Dentro de los numerosos estudios de este asunto, se proponen tres pasos necesarios para salir de este dilema, en algún momento de nuestras vidas, que han dado los líderes extraordinarios. 1.- Tomar conciencia que vivimos en nuestro mundo que necesita de preguntas que crean. El primer paso consiste en darnos cuenta de que nuestra realidad cotidiana se construye a partir a partir de preguntas que nos hacemos, pues cualquiera pregunta que nos planteemos encontraremos respuestas para ella. Por ejemplo, preguntarse ¿Qué podría salir mal hoy? o ¿Por qué la moral de los empleados está tan baja?, creará una realidad completamente distinta a si nos preguntamos; ¿qué haré para sacar lo mejor de mí en este día? o ¿cómo podemos crear un ambiente diferente de trabajo positivo?
En el primer caso, nuestras respuestas movilizarán hacia un espacio emocional negativo y nos mantendrán ocupados mentalmente en un estrecho espacio de posibilidad. En el segundo caso, es muy probable que nuestras respuestas nos sitúen en un espacio emocional positivo y que estimulen una amplia gama de posibilidades que nos ayudarán a disfrutar, crecer y visualizar nuevas oportunidades.
2.- Aprender la arquitectura básica de las preguntas poderosas. Es decir, preguntas que ayudan a expandir nuestra capacidad de acción. Este paso conlleva el desarrollo de una habilidad esencial para el liderazgo contemporáneo, pues una pregunta poderosa puede mejorar drásticamente la capacidad de aprendizaje, ejecución e innovación en las empresas. Una pregunta poderosa contiene tres dimensiones: apertura, anclaje y profundidad. La apertura se refiere al poder de la pregunta para abrir nuestra menta a nuevas posibilidades, lo que incluye: generar curiosidad en quién escucha, estimular conversaciones reflexivas y visualizar nuevas oportunidades. Esto se logra mediante una formulación que estimule la indagación en vez de la descripción. Por ejemplo, será más poderosa una pregunta que comience con “cómo” o “por qué” en vez de “cuando”, “donde” o “quien”. El anclaje se refiere al poder para capturar la atención y generar energía en el oyente, pues esto permite que la pregunta sea “pegajosa”, es decir, que se quede entre los participantes y evoque nuevas preguntas. Así, una pregunta será más poderosa si se adecúa al contexto y las características del oyente.
Finalmente, la profundidad se refiere al poder de la pregunta para explorar significados y desafiar supuestos adyacentes. Este es el elemento más complejo de trabajar, pues apela a una compresión profunda de fenómeno que está indagando y a la manera de construir sentido en el ámbito social. Por ejemplo, contrastemos ¿qué hicimos mal y quién es el responsable? Con ¿qué podemos aprender de lo sucedió y qué posibilidad se abren ahora? La primera pregunta asume error y culpa; es una apuesta segura que quien responda se sentirá a la defensiva. La segunda, en cambio, fomenta la reflexión y es mucho más probable que funcione mejor para estimular el aprendizaje y la colaboración.
3.- Elegir hacer preguntas poderosas y abandonar el placer de buscar respuestas correctas. Este paso involucra la práctica consciente y deliberada de hacer preguntas poderosas, hasta convertirla en un hábito. El desarrollo de esta capacidad tiene un impacto vital en el desarrollo del liderazgo, pues está asociada a lo que la connotada psicóloga Carol Dweck llama mentalidad de crecimiento, es decir, la creencia de las habilidades y la inteligencia siempre pueden desarrollarse. La mentalidad de crecimiento también se le conoce como la “actitud del éxito”, pues este tipo de mentalidad está asociada a mejores logros en la etapa adulta y más altos niveles de bienestar en la vida.
Una de las funciones de un club rotario es estimular y fomentar la formación de líderes más allá de su propio ámbito y el distrito por medio de seminarios de liderazgo. Para alcanzar estos objetivos es necesario plantearse preguntas que creen las posibilidades de ello, por ejemplo, ¿Cómo estimular a los socios del club para qué participen en cursos o seminarios de liderazgo? ¿por qué Rotary necesita de líderes de excelencia para fortalecer la institución en todos sus aspectos?

Fernando Amengual del Campo
EGD 4340 – RC San Bernardo – Director Hoja Noticias



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